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¿No cree usted que puede hacer que alguien viva una vida descuidada
y a continuar pecando ya que Jesús ha pagado por el pecado presente, pasado
y aún del futuro?
La respuesta es "No."
Desde luego, los santos nacidos de Nuevo también cometen pecados por el
resto de sus vidas. Pero no pueden pecar voluntariamente ya que el Espíritu
Santo habita en sus corazones. De hecho, se vuelven mas sensibles a cada
pecado después de nacer de nuevo. Llegan a saber que no pueden evitar
pecar hasta su muerte, y que la única forma de evitar las oportunidades
de pecar es sirviendo a la justicia de Dios, esto es el evangelio del
agua y el Espíritu. En concreto, el Espíritu Santo en ellos los guía a
hacer la obra de Dios separados de la lujuria del mundo.
En la era de los Apóstoles, parece que les hacían la misma pregunta. Así
que el Apóstol Pablo dijo, "¿Qué, pues, diremos? ¿Permaneceremos en
el pecado para que abunde la gracia? ¡De ninguna manera! Porque los que
hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos todavía en él? ¿Ignoráis que todos
los que fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte?
Pues, por el bautismo fuimos sepultados juntamente con él en la muerte,
para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria
del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida" (Romanos
6:1-4).
De nuevo él dijo, "¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la
ley, sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera! ¿No sabéis que cuando os
ofrecéis a alguien para obedecerle como esclavos, sois esclavos del que
obedecéis; ya sea del pecado para muerte o de la obediencia para justicia?
Pero gracias a Dios porque, aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido
de corazón a aquella forma de enseñanza a la cual os habéis entregado;
y una vez libertados del pecado, habéis sido hechos siervos de la justicia.
(Romanos 6:15-18).
La persona que REALMENTE ha nacido de nuevo por el agua y el Espíritu
no puede pecar más que antes. Más bien, él / ella se está regocijando
en el evangelio cada día, y trata de predicarlo por todo el mundo. En
otras palabras, él / ella se convierte en una persona que busca el Reino
de Dios y Su justicia con diligencia por el Espíritu Santo (Mateo 6:33).
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